LA NATURALEZA ES UN MONSTRUO

O al menos eso te contaron.

Que el cerro es peligroso. Que el desierto castiga. Que el mar se lleva a la gente.

Miles de personas viven a media hora de un cerro que nunca subieron, de un mar donde nunca entraron, de un desierto que solo cruzaron mirando por la ventana del auto.

Y sí, es cierto: el terreno no perdona la improvisación.

Con el conocimiento adecuado y la ropa correcta, el monstruo desaparece. 

Nuestros diseños nacen de los que saben estar en el medio.

La piel del chungungo. El camuflaje del puma. La aerodinámica del halcón. 

Pero esto no se trata solo del cerro. Se trata de salir. A la montaña, al mar. Y también a la jungla de cemento.

No estamos buscando la prenda que sirve para un solo día y te estorba los otros seis. Nos interesa la que se te olvida que tienes puesta. La que se vuelve tu segunda piel.

No se trata de conquistar nada.

Se trata de dejar de ser un visitante incómodo y empezar a moverte como si pertenecieras. Como el zorro, como un lagarto, en ese momento te das cuenta de  que el mounstro ahora es tu mejor amigo.